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miércoles, 27 de julio de 2016

Lucía y Valentina



Lucía llevaba un vestido rojo algo ajustado, resaltando sus inquietantes curvas. Tenía una larga y rizada melena oscura, caía en cascada por su espalda dándole un aire feroz y excitante. A su lado en la barra, se encontraba Valentina con un pequeño traje azul cielo. Era una mulata de largas piernas, su cabello recogido contrastaba los rasgos finos de su rostro. Ambas, con trago en mano se miraban y me miraban a mí, esperando que les diera alguna respuesta a su propuesta. Lo pensé un rato, lo suficiente para que pasaran tres rondas de cerveza. Cuando acepte, tomaron mis manos y me llevaron a un pequeño cuarto del burdel. El cuarto tenía una luz violeta, una mochila en el fondo y en el centro había una cama lo bastante grande para las tres. Lucía se acercó a la mochila y comenzó a sacar sus juguetes, mientras que Valentina me miraba de arriba abajo, recostada de la pared.
-Quizás finalmente podamos lograr que todo esto te guste, y le pierdas el miedo. Dijo Val, trazando su mirada desde mi boca hasta mi escote.
-Suena como un reto. ¿Quieres apostar? Le sonreí.
-Apostemos, ten por seguro que ganaremos todas.
Y de eso no había duda. Había algo tan embriagador en aquella mujer, tan confiada y tan hermosa que de un momento a otro la tenía encima de mí. Tiraba de mi rostro mientras se movía en círculos, podía saborear el vodka en su lengua. Me iba desnudando y besando cada pedazo de piel que veía. Cuando consiguió dejarme desnuda, Lucía estaba en la cama solo con sus bragas puestas. Tenía la soga en sus manos y sin preguntar comenzó a hacer nudos aquí y allá. Una vez inmovilizada me pidió que abriera mis piernas, y con su melena recogida dejando libre su rostro comenzó a pasar sus dedos en mi clítoris. Me pasaba los dedos por los labios, mordía mi cuello fuertemente mientras los volvía a introducir. Se acercó a mi oído frotando su nariz en mi piel
-Podemos jugar si eso es lo que quieres.
 Asentí lentamente y ambas se levantaron de la cama dirigiéndose al bolso de la esquina. Al regresar Lucía tenía una fusta de silicón en la mano, Valentina llevaba una mordaza para la boca y unas pequeñas pinzas para los pezones. Me las colocó con ternura, como si yo fuese una muñeca la cual le iban a dar todo el amor posible. Y de alguna manera, aquello si era cierto. Estas mujeres, diosas, tenían tantos deseos por darme amor que era imposible negarme a todo aquello. Poniéndome en cuclillas Lucía comenzó a pasar la fusta por mi espalda golpeando de vez en cuando. Una vez llego a mis nalgas comenzó a golpear fuerte, una y otra vez, y otra vez. Se detenía de un momento a otro para besar mis caderas, mi espalda y los moretones que iba dejando en mi piel. Val me pidió levantara mi cabeza, al hacerlo quito la mordaza de mi boca y rodeo mi espalda con sus largas piernas. Ella comenzó a gemir cuando mi lengua hizo contacto con su piel y al segundo, no podía contener mis gemidos ya que los golpes comenzaron a ser más fuertes y Lucía había introducido algún vibrador dentro de mi. Levante mi rostro para ver a Val ella estaba sentada, mordiéndole los pezones a Lucia mientras ella tiraba de su cabello y se unía a mis gemidos. Luego de haber terminado, Lucía me desató con cuidado y con una leve sonrisa se fue a recoger cada juguete que había en el cuarto. Valentina ya estaba vestida, se arreglaba el cabello en el espejo que había en la pared. Me aproxime a vestirme y arreglar un poco mi maquillaje. Sentí beso en el cuello, Valentina estaba detrás de mí.
-Jamás apuesto algo que no pueda ganar. Sonrió, y al cabo de un segundo Lucía también estaba a mi lado.
-Y, sin duda, mis hermosas niñas, ganamos todas.

Cada una me dio un beso y salieron del cuarto, con la certeza de que volveríamos a tener una apuesta como aquella.

lunes, 11 de julio de 2016

Fragmentos de mi diario.



Llueve sin parar y el auto ha absorbido el olor al whisky que he derramado en el asiento. Mi maquillaje esta esparcido por mi rostro, no sé cuándo he comenzado a llorar, quizás son los efectos secundarios de beberme esta cosa barata (señalando el whisky.) Dicen que para ser poeta es necesario tener alguna tristeza interminable, a mí me parece un cliché absurdo y sin relevancia. Pero lo gracioso del asunto es que aquí estoy, sentada en mi auto intentando descifrar cual es el factor detonador de mi tristeza. Pueden ser los problemas en casa, hay tanta frialdad en ella que cada vez que camino sin zapatos termino sangrando. O puede ser la falta de concentración al hacer las cosas, quizás por eso termina todo saliéndome mal (toma un pequeño sorbo.) Quizás debería de dejar de buscar que causa la tristeza y comenzar a buscar las salidas de emergencia ¿pero cómo puedo buscar algo en una habitación con los ojos vendados? Puedo salir y sumergirme dentro de la lluvia, dejar que moje mi cabello y mis pies, provocando que me enferme algunas semanas; o simplemente puedo mirar el desastre natural desde aquí, y admirarlo sin saber cómo entrar en el. El cielo llora fuera del auto y lloro dentro de el, descontroladamente, con la misma fuerza que el viento sopla afuera. Se me acaban las ideas para salir de este círculo vicioso con la poca vida que me queda, y puede que solo este dramatizando (o he leído muchísimo a Sylvia Plath) pero así se siente. Dicen que para que una estrella nazca una nébula gaseosa debe colapsarse, y yo me colpaso con el alcohol barato a ver si cuando me despierte soy finalmente una estrella.

domingo, 10 de abril de 2016

Yo me toco, tú me tocas.




…Aún tengo mis ojos cerrados, pero él sigue buscando la manera de que lo mire. Esta tan cerca que puedo sentir la delicia de su aliento en mis mejillas, así que no puedo evitar  sonreír. Besa suavemente detrás de mí oreja y traza una línea con su lengua que baja hasta mi pecho. Su mano baja lentamente por mi cintura y juega con el dobladillo de mi camiseta. Suelto un pequeño grito cuando su otra mano desciende por mí entre pierna. Escucho como se ríe y abro repentinamente los ojos. La oscuridad nos consume, pero alcanzo ver el destello en sus ojos, la sonrisa que aun lleva en sus labios y su pelo despeinado. Hostia, que es embriagador verlo así, solo quiero sentarme en su cara para que sonría de verdad. Opto por seguirle el juego, así que me quito mi camisa, dejándome el sujetador y  las bragas. Siento su mirada recorriendo cada milímetro de mi cuerpo y al ver que se aproxima hacia mí, me levanto. Sin dejar de mirarlo, me coloco en el otro extremo de la cama, alejada pero justo frente de él. Cierro mis ojos nuevamente, y pienso en aquel día en el cual tenía mis pezones en su boca, lamiéndolos y tirando de ellos fuertemente. El mismo el cual gimió mi nombre en todos los tonos cuando no paraba de chupárselo lentamente. El sonido de un suspiro me trae a la realidad y veo que está un poco más cerca. Lo examino y lo veo observando mis manos en mi entrepierna, esta tan excitado que ya la tiene dura. Con un hilo de voz me pide que me toque, le sonrió y le digo que se aparte. Cuando está ligeramente lejos abro las piernas de par a par y me quito mis bragas. Mis dedos viajan por mis muslos hasta llegar a mi clítoris, puedo sentir lo húmeda que estoy. Acaricio suavemente el área mientras lo miro fijamente, arqueo la espalda y me recuesto para que de donde está, me pueda ver mejor. Con la otra mano me quito el sujetador y me acaricio los pezones con la misma delicadeza con la que él lo haría. Lo escucho gemir y yo gimo a su vez, si hay algo que me produce placer sin duda es escucharlo gemir. Entro y saco algunos dedos mientras mis caderas forman un vaivén al conjunto de mis dedos. Sollozos salen de mi boca, seguido de su nombre; quiero que me toque el, que me acaricie lentamente y termine con su lengua en mi clítoris. No consigo llamarlo, mis piernas comienzan a tensarse y se me nubla la vida. No sé cuánto ha pasado desde que tuve el orgasmo, el sudor corre por mi pecho y mi rostro. Intento incorporarme, pero siento sus brazos rodeándome la cintura. ¿Me habré quedado dormida? Está completamente desnudo tumbado junto a mí, durmiendo tranquilamente. No puedo evitar sonreír, porque aunque no me haya tocado sé que ha disfrutado casi tanto como yo.

sábado, 24 de octubre de 2015

Oh Maria.

                                       
Yo no solía rezar
Hasta que la conocí.
Era difícil no ceder a sus tentaciones
En el pueblo decían que era ella
La dama de noche, vicio de los hombres.
Pero yo quería probarla, ocupar un lugar
Entre sus risos desordenados.
Le pedí una noche, solo una.
Ella divertida acepto y la seguí hipnotizada
Al llegar a la recamara se despojó de su vestido
Permitiéndome ver lo blanco de su piel 
Se acercó a mí y sin preámbulos me plantó un beso.
Sutiles sus labios, deliciosos.
Una caricia por la espalda, otra en las caderas
Me quita el suéter y la falda.
Sentía sus dedos explorar la humedad
Entre mis piernas, haciendo a un lado el vello.
Su lengua recorría mis senos y su mirada
Estaba fija en mí, se mordía los labios
Me gemía suavemente al oído.
La sentía dentro de mí
Haciendo movimientos lentos
-No te resistas, déjame mostrarte…
Y como quien obedece sin preguntar
Deje que una ola de placer inundara mi cuerpo
Haciendo la habitación pequeña, silenciando todo.
No sé si había pasado una o tres horas
Pero yo yacía desnuda, empapada en sudor
La habitación olía extraño me incorporo
Para encontrarla sentada en la ventana
Aun desnuda fumándose un cigarro.
Al verme sonríe y me ofrece un trago
Era una diosa tallada por la vida.
Un último beso fue plasmado antes de marcharse
Y de eso ha pasado seis años.
Yo no solía rezar
Hasta que la conocí.
Me he topado con ella varias veces
Como viento que mueve hojas
En las noches que el cielo este despejado
Le suelo gritar al viento
Oh María, sin pecado concebida
Tráemela una noche, solo una.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Jueves.

Sentía su intensa mirada en mi piel, como si pudiera desnudarme desde el otro lado de la habitación. El descansaba en el sofá con unos pantalones negros y el cabello alborotado. Sin cambiar la mirada me hacía gestos con su mano para que caminara por la habitación. Me pedía que me sentara, abriera las piernas, las cerrara, que me volteara. Sin refunfuñar o cuestionarle hacia todo lo que me pedía de forma coqueta; me pavoneaba luciendo el traje negro entallado que misteriosamente me había comprado hace algunas semanas. Sospecho que ya tenía algo de esto planificado. Camine hacia el sofá y antes de poder sentarme. .
-No quiero que te sientes junto a mí, quisiera que te sentaras donde pueda verte sin hacer esfuerzo. Dijo mientras me sonreía.
-¿Dónde específicamente quisieras que me sentara? Le dije provocativamente
Sin contestarme tiro suavemente de mi cabeza besándome despacio el cuello. Sentía como sus manos descendían por mi muslo, aquello era delicioso. Su nariz recorría mi cuello de arriba hacia abajo dejándome sentir su respiración. Comenzaba a excitarme pequeños gemidos se me escapaban, quería que me tomara y me quitara el vestido. Pero en su lugar solo acerco su boca a mi oído y susurro
-Quiero que te sientes en el borde de la cama y esperes mis instrucciones.
Idiotizada por su aroma, la excitación y el deseo camine hasta la cama y me senté en el borde. Él se incorporó en el sofá y me comenzó a darme instrucciones.
-Quiero que suavemente deslices tus manos por todo tu cuerpo. Desde tu cabello hasta los muslos, siente la delicadeza con la cual puedes tocarte. Te daré unos minutos para que crees una escena en tu cabeza en donde yo te toco tan –arquea una ceja divertido, luego suela una risa- bueno, como solo yo se hacerlo.
Cerré los ojos, su voz hizo efecto en mí y tal cual como lo pidió cree el panorama. Quería que me quitara el vestido suave, admirando cada partícula de mi cuerpo. Que besara mis pechos y humedeciera mis pezones con su lengua. Deseaba sentir su miembro completamente duro acariciarlo y escuchar unos leves gemidos. Quería susurrarle que lo quería dentro de mí, quería sentir todo el placer que podía ofrecerme.
Algo interrumpió mi pensamiento sentía que alguien estaba detrás de mí, abrí mis ojos intentando ver algo pero solo pude sentir como sus brazos comenzaban a tocarme los senos.
-No tienes idea de lo delicioso que ha sido verte en ese estado, gimiendo sin darte cuenta, imaginándote escenas donde puedo tocarte y hacerte millones de cosas, provocarte orgasmos.
-Tómame, dejemos de hablar.
Se quitó sus pantalones quedando completamente desnudo, yo me aleje unos pasos atrás para mirarlo. Él sonreía sabía que lo que estaba viendo me gustaba, se aproximó y bajo mi cremallera. Dejo mis senos al descubierto y comenzó a trazar círculos en ellos. Mientras lo hacía yo me desprendía por fin del traje, aquello se sentía delicioso pero quería más que sus manos. Lo quería dentro de mí. Me subió a sus caderas y sin cuidado nos abalanzamos en la cama formando una danza entre dos cuerpos, entre dos almas. Era un compás de caderas que aumentaba su ritmo, la habitación se llenaba de gemidos y respiraciones intensas. Todo parecía ir desapareciendo, sentía como mis músculos se relajaban y el ruido del exterior parecía desaparecer.
Había sido suya una vez más, siempre era una delicia ser suya. Abrí mis ojos lentamente aun aturdida, él estaba tumbado en su almohada y yo intente torpemente acomodarme. Quise mirarlo durante unos segundos parecía un ángel, mi ángel. Me invadieron las ganas de abrazarlo fuerte y decirle que lo amaba más de lo que una persona podría amar a alguien pero parecía dormir así que me limite solo a admirarlo. Me quede observándolo durante algunos minutos cuando su voz casi me mata del susto.
-¿Cómo te has sentido hace más o menos media hora atrás?
-Me he sentido bien, lo he disfrutado como siempre ¿acaso tu no? ¿Sucede algo malo?
Silencio. No sabía que ocurría hace un rato todo parecía estar bien me sentía deseada y amada por el pero ahora…su voz me interrumpe el pensamiento
-No hablo de eso, ¿Cómo te has sentido tu misma al hacer estas cosas?
Pongo los ojos en blanco doy un largo suspiro ¿Por qué esto? ¿Por qué ahora?
-Me he sentido deseada, amada, sensual. Quizás como una diosa adorada por humanos.
 -Entonces si te has sentido como una diosa en ese momento ¿Por qué no puedes sentirte como una diosa el resto de las horas, del día o del año?
-¿Por qué me preguntas estas cosas?
-Porque se me dificulta entender como alguien tan hermosa, inteligente y sensual no puede ver siquiera una pisca de como yo te veo. Quisiera que te amas al menos un tercio de lo que yo te amo.
Aquello que me pedía era difícil. Sabía que jamás había logrado amarme como se supone que se ame a uno mismo, pero ¿Por qué cuestionarlo ahora?
-¿Por qué me dices eso ahora, luego de…?
-Porque has estado maravillosa, como siempre. Siempre estas maravillosa pero solo pareces notarlo cuando yo estoy involucrado. Si te elogio o reconozco que haces las cosas bien, si digo que estas hermosa lo crees. Pero si me mantengo fuera del panorama tu mundo parece volverse gris.
Intentaba calmarme, no quería echarme a llorar para que me consolara. Sabía que tenía razón, sabía que si el reconocía cualquier cosa en mi vida todo estaba bien. No supe que contestarle solo pude voltearme al lado contrario y arroparme para que mis sollozos no los escuchara. Pasaron varios minutos, diez veinte quizás media hora. Extiende su brazo por mi cuerpo y pega mi cuerpo al suyo. Esta caliente, siempre está caliente.
-Te ves hermosa hasta llorando.
-Si ni siquiera me has visto, ¿Cómo sabes que me veo hermosa?
Se acerca a mi rostro y lo besa dejando ahí su cabeza.
-No necesito verte para saber que te ves hermosa, siempre lo haces.
Comenzó a acariciar mis mejillas, yo aún le daba la espalda; no sabía si en cualquier momento me podía poner a llorar. Limpie mis lagrimas, intente reprimir las ganas que quedaban y le dije
-Quizás pienses que tiene algo de malo permitir que mi mundo se vuelva gris cuando estas fuera del panorama, pero, se te olvida que tengo la habilidad de crear cosas incluso de donde nos las hay. Puedo tomar mi mundo y volver de color aunque no estés pero eso no significa que me guste vivir en un mundo colorido donde no estés tú. Puedo amarme, quizás más de lo que antes podía hacer y todo es gracias a ti. ¿Cómo voy a sacarte del panorama? Me has ensenado a ser y a deshacer, te debo mucho más que ponerte en un panorama.
Él estaba junto a mi podía escucharlo pensar y analizar todo lo que le dije. Me he vuelto hacia él y al verlo nuevamente las ganas de llorar me invadieron. Me abrazo cubriéndome con sus brazos, como si estuviera aliviado de las palabras que habían salido de mi boca.
-No te vayas nunca, por favor.
-Jamás me iré si tú prometes no hacerlo. Dije con la poca voz que tenía.
-Me quedaré contigo a amarte lo que me reste de vida

-Me quedaré para que me enseñes a reír con tus ojos, yo en cambio prometo enseñarte a respirar con mi alma.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Casa de Playa (Parte Dos)

Había sucedido lo usual, aquel beso termino envuelto entre las sabanas verdes que vestía mi cama. 4:56 am y permanecíamos allí  charlando sobre cosas que no tenían importancia, el lucia maravilloso con el cabello revuelto. Como si leyese mis pensamientos me dijo
-Si me continúas mirando así jamás saldremos de esta cama. A lo que le respondí con un guiño y ambos soltamos una risa. Sus dedos jugaban con mi enredado cabello un ruidoso silencio invadió la habitación, solo se escuchaba el sonido de las olas y el viento que las acompañaba. Casi consigo entrar en un profundo sueño cuando lo oí hablar nuevamente
-No duermas, quiero que me acompañes afuera
-¿Afuera? Mi amor, son las 5 de la mañana.
-Eso jamás nos ha detenido, además, quiero pasear y charlar. La luz del amanecer siempre enmarca tu rostro como una obra de arte.

Sabía que sin importar que estuviera cansada, que fueran las 5:10 de la madrugada o que afuera hiciera mucho frió me levantaría a complacer su pequeño capricho. Después de aquellas palabras ¿Cómo decirle no? Me puse mis bragas, un pantalón de pijama y un suéter para cuando logre controlar lo que parecía un matojo él ya se había ido. Baje y sin ponerme los zapatos salí a saborear el exquisito aroma a sal. La arena se me metía entre mis dedos, la brisa destruía los intentos que mantener junto mi cabello; las olas eran revoltosas y en la playa no había una sola alma todo estaba silencioso. Mire por todos lados y no lo veía así que decidí dar un paseo sola. Camine durante mucho tiempo, miraba el reloj que tenía en la muñeca y marcaban las 5:20. ¡Aquello era imposible! Llevaba caminando al menos 25 minutos ¿Cómo es posible que solo hayan pasado diez minutos desde que salí de la casa? Decidí sentarme en la orilla lo cerca para que el agua mojara mis pies, observe lo que me rodeaba con más detenimiento. Cerré los ojos y deje que el sonido de las olas me consumiera, sentía gotitas en mi rostro, frías cuando soplaba el viento. Sentía como todo me iba subiendo aquella caja donde había metido todos mis problemas ahora se abría y no precisamente con suavidad. Lo hacía a toda prisa, todo era muy confuso y solo conseguí ponerme a llorar. Intentaba detenerme sentía que él podía llegar en cualquier momento y encontrarme así, le había prometido que estos episodios ya habían terminado. Una horrible sensación de que me miraban hizo que saltara de un golpe y a mi lado había una figura, una mujer. Tenía su cabello largo y ondulado, sus ojos eran tristes y verdes; parecía algo confusa pero antes de yo decir algo ella hablo

-No deberías esconderte, quizás el piense que todo está bien pero se dará cuenta que algo anda mal.
No sabía quién era la mujer que tenía en frente, no sabía porque motivos estaba allí junto a mi o porque intentaba descifrar que era lo que me sucedía. Pasó por mi cabeza levantarme e irme, al fin y al cabo no tenía por qué darle explicaciones a una completa extraña, pero en su lugar dije
-No, no se dará cuenta. Estas cosas él no las nota.. No las que notar. Son tonterías.
-Sabes que eso es una mentira que has conseguido creerte durante todo este tiempo, él lo nota todo. Hasta lo más pequeño. Consigue hacer que poco a poco se lo digas de maneras inexplicables, siempre lo ha conseguido. Excepto esta vez. ¿Qué ha cambiado?
-¿A qué se refiere?
-Has pasado días, quizás meses guardándolo todo. Sales, tomas una que otra cerveza o quizás más de la cuenta, ya no escribes. ¿Por qué él no ha intervenido? ¿Qué es diferente esta vez de aquella en la cual casi te consume tu baja autoestima?
Recordaba aquella vez. Sentía que mi mundo se venía abajo por mis kilos de más, quería que él tuviera una pareja perfecta. Aquella que le gustara lo que a él pero que también pudiera presumir o de la cual sentirse orgullosa. Quería que sintiera eso que siento cada vez que le contaba a alguien sobre él y lo talentoso y hermoso que era. Aquel día fue horrible pero del abismo ruidoso me saco el, diciéndome que no necesitaba una persona que fuera su gemela o que fuera una modelo. Me quería a mí. Quizás en aquella ocasión me pareció suficiente esa respuesta pero ahora, cuando todos sus miedos estaban apoderándose mí necesitaba algo más, algo que me convenciera realmente.

-No lo sé…. No puedo esperar que él me diga el porque me ama o que me elige a mi cada vez que mi caja de problemas decide atormentarme. No puede, no puedo. No quiero perderlo y si continuo ahogándolo con mis miedos se terminara yendo de mi lado y no poder vivir con eso. Terminare odiándome el resto de mis días por alejar a la única persona que ha estado aquí, sacándome de mis embrollos emocionales. La única persona que me conoce tan bien como para hacer que me ame aunque sea un poco cada día. No puede verme así…

Nuevamente me encontraba llorando, lloraba con todas mis fuerzas. Lloraba porque no sabía que me sucedía, porque tenía un hombre que me amaba y aun así dejaba que mis miedos me dominaran, lloraba porque no conseguía como parar esto. Sabía que si no encontraba la manera de lidiar con esa parte de mi acabaría sola. La mujer acaricio mi cabello en forma de consolación, espero a que yo tomara un poco de aire y con una voz delicada y suave dijo

-Quizás buscas que te diga que él lo tendrá todo contigo o que quizás eres exactamente lo que el merece, que debes estar segura de ti y que cuando te levantes de aquí serás una mujer nueva. Pues no, no será así, o al menos no así de fácil. Deja que te diga una cosa, aquella vez que se fue y tuvo la oportunidad de irse con alguna mujer hermosa o modelo como bien dices ¿lo hizo? –hice un movimiento de cabeza indicando que no- ¡Al contrario! Volvió, volvió porque en ti vio el mundo que solo él puede ver. Volvió porque te ama. No necesitas más explicaciones o razones, yo sé que te ama porque hace dos años nos amaba igual. Todo en esta vida será difícil si así lo deseas.

El mundo parecía dar vueltas, deje de escuchar el mar, las aves, deje de sentir la arena bajo mis pies. Ya no estaba en la playa, si no en mi casa. Baje las escaleras aturdida y al llegar a la sala pare en seco. Estaba el en la sala acercándosele al oído de una mujer. Tuve que hacer mil milagros para conseguir escuchar lo que él le decía.
-Fuiste mi brújula cuando me encontraba extraviado, mi amiga cuando deseo hablar de cosas que no te interesan y has sido toda una diosa para mí en aspectos que ambos sabemos.  No soy muy bueno en esto, y sé que estas no son las palabras que deseas oír solo sé que te amo y lo haré hasta que mis ganas de plasmar tu sonrisa en un canva se vayan, hasta que me haya cansado de hacerte el amor, hasta el día en que me muera. Te amo, y no dejare que te marches de mi vida nunca.

La playa, la arena, los pájaros, todo volvió a su normalidad. Cuando abrí mis ojos la mujer ya no estaba a mi lado. Y fue que entendí que había pasado todo ese tiempo charlando con la persona que solía ser, recordándome que todavía era. Recordándome aquellas palabras que él me había dicho hace dos años en la sala de nuestra casa de playa. Mire mi reloj y marcaba las 5:25. Camine de vuelta a la casa esperando verlo y contarle todo lo que me había sucedido en, según mi reloj, quince minutos. Al entrar me quite el pantalón de pijama que traía estaba todo mojado. Subí a la habitación a ver si me había jugado una broma y se había quedado dormido pero no estaba allí, solo el rastro de lo que habíamos hecho horas antes. Al bajar fui a la cocina para marcarle y encontré una pequeña nota junto a una taza de chocolate caliente. Tome ambas cosas y me dirigí hacia el sofá, el mismo donde hace un tiempo atrás me había quitado el alma para verme desnuda. Le di una probada al chocolate al parecer ya no era caliente así que lo deje en la mesita y me concentre en leer la notita.

“Mi niña, has estado algo distante y fría, no conmigo si no con el mundo. Siempre he visto tu devoción por el mundo y me entristece el alma que ya no sea de esa manera, por eso te he mandado a la playa. Porque cerca del mar siempre eres tú, aquella revoltosa de la cual me he enamorado. Espero que hayas conseguido poner todo en orden en tu paseo, porque a la noche quisiera que junto a una copa de vino me contaras todo lo que te tenía así. Jamás pienses que no sé qué sucede en tu pequeña cabeza, siempre sé que sucede. No he intervenido esta vez porque no sería un buen maestro si sigo rescatándote; debía dejar que lo hicieras tu misma. Así como lo hiciste conmigo. Te amo de las mil maneras en las cuales se puede amar a alguien y en las que no se han descubierto

viernes, 31 de julio de 2015

Locura guardada en pinceladas.


Vivía en un laberinto. Un laberinto localizado al final de la nada, al comienzo de todo. Donde un largo sendero se volvía mil caminos y todos con un poco de él. El atardecer en aquel lugar era algo mágico, era cuando todo hacia silencio para apreciar las cosas nuevas que surgían. Lluvias de colores en las tardes y cálidas voces en el viento recorrían por doquier dándole vida a cosas obsoletas; olvidadas. Un régimen dirigido por un creador, un maestro, un artista. Aquel paraíso era habitado exclusivamente por él y sus senderos y así permaneció durante diecinueve años. Cierto verano al despertar me topé con una nota sobre el borde de la mesa, la tome sorprendida y me aproxime a leerla.

“Mi dulce niña

Has estado junto a mí para saber lo inestable que suelo ser muchas veces y aun así te has quedado a mi lado. Nadie había hecho eso jamás y por eso te he elegido para que permanezcas conmigo el resto de mis días y para probártelo te daré todo el acceso que desees al descabellado laberinto que llevo dentro de mí. Quiero que seas la única persona que lo habite.

                                                                                              Te amare siempre.”


            Y ese fue el momento donde supe que lo estaba viendo totalmente desnudo aun así que no estaba frente a mí, aun así que traía su ropa. Fue en aquella carta donde me dejo el boleto para entrar en su vida por completo. 

martes, 2 de junio de 2015

Las mil y un lunas.

Cuando la luna es nueva, el sale de su polvoriento cobijo.
A saludar la vida que solía tener, y a sentir las voces cantoras del viento.
Saboreaba la savia que le obsequiaba las estrellas,
Y me servía de grata compañía.
Era un acontecimiento único, mágico.
Habían pasado varias fases sin venir,
Llegue a pensar que se había extraviado en las muelas del bosque,
Pero hoy, el venia.
Saque una taza vieja, y le preparaba un café
Para cuando llego, la luna ya podía verse.
Le entallaba el hermoso y entristecido rostro.
Quise preguntar “porque, como y cuando”, pero me resigne
Y solo le di una torcida sonrisa, y él me la devolvió.
Se sentó en la mesa sin murmuro alguno,
Y mirando la luz que penetraba por la ventana bebió.
Le ofrecí un abrigo para el frió, el alzo su mirada perdida
Y me llevo afuera; caminamos por un sendero lleno de lamentos.
Podía escucharlos, pero a él no le parecía importar.
“Almas olvidadas” musito con voz firme.
Paro un segundo y continuo “hemos llegado, he aquí la luna creciente”
Yo lo miraba perpleja, y solo pude sentarme a su lado mirándolo fijamente.
Y miles de interrogantes golpeaban mi cabeza;
No pude comenzar a preguntar cuando el dio inicio
“Cuando la luna está en su fase creciente, parece una bola partida a la mitad.
Para mí, es el momento en donde puedo conversar contigo
Con esa parte que solía ser, que solíamos ser.
Por eso he de venir solo cuando la luna está en esta fase,
Para contarte como me va en mi vida de olvido, y para escuchar como vives sin mí.
Por eso sin notarlo, en los días más oscuros y silenciosos te has de parar en la ventana
Susurrándole a los astros poesías que llevan mi nombre.
Por eso sin notarlo, yo he de pintar el mejor paisaje para que sonrías cada noche.”
Una avalancha repetitiva me sucumbía, podía escuchar pequeños fragmentos
 Una y otra vez, y otra vez
“Por eso sin notarlo, en los días más oscuros”
“Yo he de pintar el mejor paisaje para que sonrías cada noche”
Termine mirando constelaciones, y sintiendo como su mano
Caliente y delicada acariciaba mi rostro.
Sentí la necesidad de besarlo, y de contarle mis poesías.
Me tomo y me sumergió en el abismo del que fue
Un beso con sabor a historias, a quererlo nuevamente.
Al dejarme nuevamente en mi aposento me ha devuelto el abrigo
Y plasmo en mi frente un beso que desato una tormenta en mis pequeños y cansados ojos.
Para cuando los abrí, mi mitad se había ido, y la luna ya era llena.
En su abrigo había una pequeña carta, un poema y decía.

“pequeña niña de cristal
Llevas el espíritu de la estrella que me guía en las noches,
Y el color de la maleza en tus tiernos ojos.
En cada luna que veas, recítame todo tus versos
Seré el océano que remoja tu lunar.
No me olvides, que si no es en esta fase, será en la otra
Pero serás mía en cualquier dimensión.”


martes, 12 de mayo de 2015

La falacia de Christian.

-¿Quieres un poco mas de vino?
-Se me antojan otras cosas por hacer. Seguido de una risita, y una sonrisa levante su copa y la invite a la sala de estar. Su traje ondeaba cuando caminaba, su pelo era caso perdido y yo intentaba llevarle el paso. Coloque una manta y dos cojines en el suelo y ella se acostó, y a su lado me senté. Ella me hablaba de su día, de sus superficiales compañeras del trabajo, de la economía y política; ella no parecía notar que su traje se le había subido más allá de su rodilla, no notaba que mi respiración se acortaba al imaginar…
Ella interrumpió mi mente antes de poder imaginar cualquier cosa, colocándose frente a mí, tambaleándose me miro fijo a los ojos y me dijo “Soy una mujer según muchos fácil de leer, me gusta la vida, el olor a sal, los libros, tomarme una que otra cerveza, ser casualmente coqueta. Tengo mis miedos, a ser olvidada, a no ser alguien, al fracaso, a la oscuridad. Fácil de leer, muchas personas son así. Pero no muchos saben que puedo sumergirme en aguas profundas, o que puedo ser tan indispensable como yo lo desee; puedo hacer que me necesites solo por una noche o por el resto de tu vida sin llegar al sexo. Puedo ser una isla privada, o una playa nudista, todo depende de quién pase por mí. Soy más compleja que común, más viva que ordinaria.”
Perplejo y aturdido me quede sentado esperando, a que se marchara, a que continuara hablando, a que hiciera algo. Ella soltó una risa y se bebió lo que quedaba de la botella; la luz de la luna entraba por la ventana era el foco que le difuminaba el traje y le resaltaba sus ojos. Se acerco a mí y se bajo el traje dejando sus pechos respirar, y de manera dulce  y continuó “Lo que he querido decirte con todo esto, amor, es que quiero ser tuya, pero de todas mis maneras. Que cuando sea difícil me tomes y te importe poco cuanto haya costado el traje, que cuando este romántica me trates con delicadeza, pero, hoy solo quiero sentirte dentro de mí. Acariciando tus manos sobre mi pezón, suave, porque tenemos toda la noche.”

Dejo caer el vestido en el suelo y quedo su silueta desnuda frente a mí. Ella quería que la siguiera y no me resistí,  y allí estábamos, ella desnuda corriendo y yo entrando a un laberinto sin salida.  Cuando por fin la encontré, estaba empapada desde el pelo hasta el piso. Se veía jugosa y sin pedirle permiso la tome en mis brazos y fue como tomar un pedazo de cielo. Estaba radiante, como si estuviera esperando este momento desde que entro por mi puerta. La acosté, y le bese los pies con la sutileza hasta llegar a su punto, su cumbre, la sonrisa de su cuerpo. Estaba húmeda, podía sentirlo en la lengua y sabía que eso le gustaba; se retorcía en la cama, y su gemido se fusionaba con risas.  Hice que tuviera una lluvia de estrellas a las seis de la tarde, ella estaba enredada en mis sabanas y le di un beso. Deseaba que se quedara una vida, pero ¿a quién engañaba? Era viento, el viento jamás se queda. Al despertar mi cama estaba vacia y mi botella llena con una nota que decía:
Por si deseas otra noche te dejo la botella y mi número,
Por si deseas una vida, te regalo el viento.

sábado, 18 de abril de 2015

Dulce niño.

He pasado todo el día con mi hermano, como saben, es impedido. Recientemente lo operaron de la traquea y fue exitosa, salvo porque afecto sus cuerdas vocales y ya no lo escucho. El no hablaba pero se reía, y gritaba muy fuerte era su manera de decir "estoy aquí, hola, atiendanmen, te amo" he estado más de 6 horas con el en completo silencio, sin escuchar su risa o su llanto, sin escuchar su gritería. Es como si parte de el se hubiera ido. He apagado todas las luces y me he acostado con el en la cama y me he asegurado de contarle que lo amo mas que a mi misma. Lo es todo y estoy feliz de que este bien.

miércoles, 15 de abril de 2015

Viernes sexual.

…Los besos comenzaron leves, estructurados. Sus manos trazaban rutas en mi piel, deslizándose por mi pecho. Lo deseaba, lo quería dentro de mí y la idea de tenerlo me excitaba; me senté frente a él y con delicadeza tome su mano y puse dentro de mi ropa interior. Su dedo hizo contacto con mi piel humedecida, podía sentir como su respiración se aceleraba y se le endurecía. Dibujaba círculos en mi clítoris mientras me observaba; sonrisas coquetas se me escapaban mientras iba subiendo el ritmo y gemidos cuando lo sentía dentro de mí. Íbamos perdiendo el control, no importaba quien nos viera, quien me escuchara; su boca permanecía en la mía, rozándome la lengua de vez en cuando. Me había recostado entre medio de sus piernas, dejándole la libertad de explorar con su boca, contraía mis piernas en su espalda, podía ver la vida con los ojos cerrados. Aquello era delicioso, cuando se detuvo rozo su dedo dentro de mí y lo metió en mi boca, volvió a meter sus dedos dentro de mí mientras me dejaba huellas en los pezones. El mundo fue perdiendo sonido, la vista se me había ido y todo mi cuerpo estaba tenso, y húmedo. Al despertar yacía en sus brazos, completamente sudada pero él, a él le brotaba una sonrisa tierna y caprichosa.
-Es una delicia verte así. Me encantas.

-Eres una delicia y me encanta ser tuya infinitas veces.

jueves, 9 de abril de 2015

El accidente del ángel.

El otro día estaba limpiando la vieja casa en donde crecí cuando era pequeña,  mis padres iban a venderla y necesitaban un poco de ayuda así que accedí. Quise limpiar mi habitación, y al decir limpiar hablaba de quitarle el polvo a los estantes y pasar una escoba. Al entrar la luz del sol entraba por la ventana, dejando todo el polvo que había al descubierto, mis estantes tenían una que otra pieza de porcelana, bailarinas y algunas fotos viejas. Le di la vuelta al cuarto hasta llegar al armario el que se suponía que estuviera vacío, se suponía. Habían dos cajas grandes una al lado de la otra, viejas y dañadas por la humedad; las tome y abrí una de ellas, frente a mi estaban cinco años de mi vida, guardadas todo este tiempo. Fotos, cartas, postales, discos, joyería, las sacaba una por una rápidamente preguntándome que hacían allí, quien las había puesto allí, desde cuando estaban allí. Limpie todo de prisa, le avise a mi madre que me iba y tome las cajas, me dirigía a mi apartamento.

Llegando tome un baño, me serví una cerveza y puse una de las cajas encima de la cama. Me tome el tiempo de ver cada una de las fotos; algunas eran mías usando algún traje espantoso, otras de amigos y familia. Reí leyendo las cartas que tenía y escogí la joyería que aun quería conservar. Fui a levantar la otra caja para ver que había dentro y era algo pesada, demasiado para ser ropa o chucherías como lo que contenía la otra. Grandes, pequeños, de todos los colores, carpeta dura y blanda, ahí estaba una colección inmensa de libros que había perdido. Mis libros. Las interrogantes que tuve en la casa volvieron, decidí abrir uno de ellos al azar. Era color verde y tenía algunos garabatos en la portada, “Poemas y Relatos” el mundo se había congelado. Tenía en mi mano uno de mis diarios de hace cinco, casi seis años atrás. Supe que esa noche, tendría de visitante a las lágrimas que hacen varias semanas no aparecían; pasaba las páginas y leí los poemas, las historias, las frases, hasta que en una de las paginas había algo que me llamo la atención. Era un fragmento de algún día.


“5 de junio de 2010

He pasado el verano cuidando a una pequeña, y esta casa es inmensa. Pero me reconforta el saber que en algún momento mi teléfono sonará  y será un mensaje de él. Un ¿como estas?, ¡que hiciste en el día?, estuve esquiando, hace demasiado frió por acá, ¿has comido algo?. Me gusta mucho, me ha dicho te amo unas cuantas veces y mi corazón se va elevando con la rapidez que se acaba un suspiro. Blanco como la arena, sus ojos azules como el mar, hermosos, al igual que su sonrisa. Era inevitable no sonreír luego de verlo. Carismático, sarcástico y simpático; inteligente y cariñoso. Es como un ángel, el cual me trae estúpida e imbécil. Enamorada me trae.


                                                                                                                 NARR


No necesitaba saber el nombre, sabia para quien era aquello. Mucho tiempo había pasado desde que tuve la última conversación con él, pero así era. Como las estrellas fugaces, aparecen cuando quieren y así era él. Los sentimientos me invadían y quise con todas mis fuerzas saber porque se había ido, porque me había abandonado. Así que me asome a la ventana y susurre su nombre, como parte de un hechizo o un ritual.
-Llegue. Me volteé y ahí estaba. Parado frente a mí con sus enormes ojos azules. Me quede paralizada y solo pude decir “llegaste”.
-Oh valla. Demasiado tiempo para solo eso ¿no crees? Repentino silencio, pero luego comenzó a preguntarme que había hecho y como me iba. Hablamos de todo un poco, de las que todos hablan hasta que comenzó
-Hace algunos años atrás tuve un accidente y estuve en coma. Al despertar no recordaba caras, personas, amigos, sucesos. Pero me acorde de ti. No recuerdo exactamente como nos conocimos y porque hemos dejado de hablar, pero me acuerdo de ti.
La sangre la sentía correr fría, el corazón me iba a estallar. El seguía parado junto a mí y yo sentada en la ventana. Cuando finalmente pude hablar le dije
-Siempre me has acordado ese verano. En su mirada que no sabía de qué hablaba así que le mostré lo que había escrito en la libreta.
- Así que, ¿nos gustábamos?
-Al menos yo de ti me enamore, y llegaste a decirme unas cuantas veces un te amo. Perdimos comunicación porque jamás fui suficiente para ti, así que decidí dejar de intentarlo. Poco después supe que tenías pareja, hablamos por última vez y luego desapareciste.
- Lo supuse cuando después de todo me acordaba de tu nombre; eres mi único recuerdo de ese verano. “ángel” susurro casi tan bajo que apenas pude escucharlo. Sonreí y él lo hizo también. Se sentó al lado mío y dejo que descansara mi cabeza en su hombro. Pude sentir su olor, apreciarlo más, ver que aquel rostro de niño había evolucionado. Al lado mío estaba un viejo amor, un viejo amigo, al cual su corazón le pertenecía a alguien más igual que el mío. Pero mi corazón me pedía gritos unas últimas palabras así que le pregunte.
-¿Alguna vez me extrañas?

El me dio un beso en la frente y también recostó su cabeza en la mía, la brisa soplo y yo sonreí. 

jueves, 26 de marzo de 2015

Visitas inesperadas.

A orillas, de rodillas, se sentó y me hablo.
Me plasmo la puesta de sol que había presenciado,
Canto su poema favorito.
Hablo sobre el amor de sus días,
Y la soledad que reencarnaba mi silueta.
Yo la escuchaba, cual sonido de las gaviotas,
Como si la vida que ella recitaba fuese de admirar.
Su sonrisa era como brisa,
Le devolvía el brillo a mi piel.
Pero sin importar el brillo,
En su regazo,
Se encontraba mi alma.
Alma descolorada, sin algo adentro;
Que lloraba sin lágrimas por falta de esencia.
“Triste vida mía, ¿qué ha sucedido contigo?”
Pregunta con ternura.
Y allí yacía,
Esperando alguna contestación.
Las pocas lágrimas que quedaban
Brotaron como flores en pradera
La tenía frente a mí,
Mi parte desnuda, cristalizada, pura.
Seque mis lágrimas y le di las gracias,
Por su visita inesperada.



sábado, 7 de marzo de 2015

Doncellas de porcelana.

Andaba en su territorio, podía observarla desde la barra. Tenía dos grandes razones para estar allí, que lucían perfectas en aquel traje en encaje negro. Pedí otra cerveza, eran eso de las 12:30 am y ciertamente, aun no tenía ningún motivo para irme. Seis mesas a la izquierda, todas repletas de: parejas, mujeres, amigos; a mi derecha tenía: una mesa de billar, tocadores viejos con polvo y una que otra alma muerta en el piso intoxicada en recuerdos y, por supuesto, en alcohol. No dejaba de mirarla, se veía jugosa, excitante, se me antojaba, la quería desnuda en la alfombra de mi casa. “Dejémonos de pendejaces, tendrás que conformarte solo con su imagen” me decía a mí mismo convencido de que la noche no jugaba a mi favor. Pague y deje 20$ de propina por aquellas dos buenas razones que me habían dejado loco desde hace algunas semanas, camine fuera del bar y para mi sorpresa era una noche fría. Demonios, noche fría, un poco ebrio...¡Maldición, de seguro no era mi noche! Decidido a aceptar que pasaría la noche mirando alguna revista pornográfica se estaciona un taxi para llevarme a casa, me dirijo a abrir la puerta y para mi sorpresa, la chica del vestido negro con encajes sube a mi taxi.

-Disculpa, pedí este taxi para mí. Dije sin pretender disimular en mi rostro la alegría.
-Supongo que cabemos los dos, ¿no? No eres gordo, de seguro cabes perfectamente.
Su voz era de mujer, tono firme y a la vez juguetón. Tarde varios segundos en asimilar la situación, no fue hasta escuchar su “¿y bien?” que decidí sentarme junto a ella. Pasaron 43 minutos y todo permanecía en silencio, solo se escuchaba los charcos al pasar el auto hicimos una parada en una pequeña plaza.
-Te he visto echándome el ojo, como alcohólico a un trago. Dijo ella en tono burlón, no supe que contestar y no era por vergüenza solo que no quería sonar como todo un cabron admitiendo que la veía y se me antojaba un orgasmo. Así que solo me encogí de brazos y le eche una mirada, ella la devolvió y le dijo al conductor “¿aquí nos bajamos, cuanto le debo?” Ahí me encontraba en medio de una plaza a la cual nunca había ido con una de las mujeres más solicitadas en la posada de La Tertulia; analizar mis opciones me parecía lo más prudente así que, podía irme a mi casa comer alguna comida recalentada, la revista después de todo me esperaba debajo de la cama en algún rincón. Podía ir a un burdel, pagar lo que tuviera encima y tener algo mejor que una revista, o podía simplemente bajarme con la deliciosa aventura que tenía sentada a mi lado así que pague el taxi y salimos. La calle estaba desierta al igual que la plaza, era alumbrada por algunos postes con una luz tenue había una pequeña fuente en el medio rodeada de algunos tiestos con flores. A lo largo habían pequeños apartamentos con luces afueras algunas color neón otras simplemente blancas, trate de descifrar que hacíamos ahí pero ella lo contesto cuando se dirigió a uno de los apartamentos.

-Aquí es donde vivo, aquí es donde trabajo. Te lo aclaro ya que tenías los ojos perdidos preguntándote que hacemos aquí.
-Creí que solo eras mesera en la posada. Dije con algo de timidez.
Mientras entramos ella se iba quitando la ropa, lo hacía de forma fría sin esperar ninguna caricia que le inspirara un gemido, un beso, nada. La miraba desde la esquina de la puerta, ella iba dejando caer su traje, se quitó los zapatos altos y se detuvo antes de quitarse más.
-Si no estás aquí para follarme ¿entonces a que viniste?
-Quisiera ver la belleza que hay en ti.

Esas palabras salieron de mi boca sin pensarlo, sin consultarlo antes con mi cabeza o tan si quiera con la erección que tenía. Soltó una leve risa, puso sus nalgas grandes en su cama y me dijo:
-La belleza de soportar a todos los idiotas con sus piropos y sus aburridas maneras de llevarte a la cama, la belleza en que a veces terminan ellos pero yo no, la belleza en que debo lucir fresca y joven solo para ellos, la belleza de que debo quitarme la ropa y acostarme con personas que físicamente no se me antojan, la belleza en que debo provocar orgasmos cuando ni yo quiero tener uno. O tal vez te refieras a la belleza de sentirme como reina, como diosa cada vez que puedo chupárselo a cualquier hombre y dejarlo loco, la belleza de sentir que estoy conforme con mi cuerpo, la belleza de ser la atención de todos ellos cuando llego, la belleza de ser la causante de tus pensamientos sucios y tu erección. Esa es la verdadera belleza de mi vida. Podría tratar de explicarte porque soy lo que soy, pero no tendría caso. Al final de la noche no me interesa tener la aprobación de nadie, solo la satisfacción que en porciones verdes.

Cabellera color tierra, larga como el cielo, alborotada el mar. Le caí de forma danzante por la espalda como agua en cascadas. Lluvia de lunares y pecas por todo su ser, pequeñas raíces en sus caderas; del color de la luna menguante que iluminaba su rostro esa noche. Tenía la mirada de una diosa robando almas y dejando cuerpos. La tenía desnuda frente a mí y ya no quería seguir perdiendo el tiempo, la tome sin sutilidad ni protocolos. Ella reaccionaba con un vaivén de caderas a los besos y caricias que le daba más abajo de su ombligo, sus tetas se ponían duras al contacto de mis dedos y podía sentir la humedad que brotaba desde el fondo de su alma. Gritando el nombre de los dioses, montada como jinete terminamos el perfecto acto de provocar una ronda de orgasmos.

Cuando me desperté eran las 3:52 de la madrugada ella roncaba a mi lado así que no quise despertarla. Me quede sentado buscando mi ropa, pensando en que quería marcarla hacer que esta noche la recordara por el resto de sus días. Abrí el cajón que tenía la mesita de noche y habían: algunos condones, fotos, papel y un bolígrafo. Le deje una nota, que decía:

“Mi doncella perdida, doncella de porcelana:

Don de embriagar con la mirada
Vas caminando apoderándote de almas
Cuerpo iluminado
Por la sonrisa del diablo
Caderas mágicas que hechizan
Brindando placer de día y de noche
Doncella de cuerpo ligero
Haciendo estruendo según su paso
Eres vida, eres el más delicioso orgasmo.



Te he hecho el amor de la mejor forma que se, dejándote esta nota para que podamos hacerlo todas las noches.”